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The Workshop of Eiyelé Fún Fún
El Taller de la Eiyelé Fún Fún
 
Orisha Necklaces
Collares de Orisha
$116.77
$60.30
$144.66
$144.66
$69.37
$107.77
$117.00
Naná Burukú 1
PID: 3188
$83.77
Naná Burukú 2
PID: 3181
$83.77
$116.16
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$116.16
$116.70
$116.16
Oyá
PID: 3191
$63.99
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$72.77
$116.16
Shangó
PID: 3182
$59.66
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Mis pensamientos acerca del porque se le pongan los collares gruesos que se nos lleguen al umbligo

Las cuentas Yorubá—en los collares, bastónes, ropas, y coronas—se ven puestas en los orishas, los reyes, y los sacerdotes.

Las del rey le demuestran a la gente su realeza, poder, y “riqueza.” Él es el representante de Odudúwa en la tierra. Los babalorishas y las iyalorishas, además, se ponen los collares no solo para su “protección” y su “identidad” de ser hijos de los orishas. También, se ponen los collares a demonstrarle a todo el mundo su rango de asentados y que la cabeza está consagrada. Los sacerdotes son los representantes de los orishas en el ilé-ayé.

Al igual de los caracoles (dilogún) y aún el humilde maíz tostado, las cuentas son owó y son simbolos de la realeza y de todos los irés que se piden todos los días.

En la tierra yorubá, benin, y brazil, los collares demuestran y encarnan estos valores tradicionales por su belleza y tamaño. Los reyes están cubiertos en cuentas desde su corona para sus pies y colchones debajo de los pies. Los babalorishas y las iyalorishas se ponen collares gruesos y bellos que llegan al umbligo para indicar los poderes de la procreación y fuerza vital (el ashé) que se encarnan dentro de nuestros orí y cuerpos por medio de la iniciación.

La alimentación y los anticuerpos le corren a través del cordón umbilical para nuestros cuerpos desde la vientre de la madre al igual que la kariosha nos limpia, alimenta, y enfortalece la ori y el cuerpo, y que nos permite de andar bién por nuestros caminos.

Le heredamos a Cuba una tradition de collares (ilekes) de las “cuentas de semilla” tamaño “6.0.” Este en parte resulta de la historia, la economía, y la discreción social. Los Afro-Cubanos necesitaban esconder su participación religiosa por mucha persecución. Asimismo, las tallas de madera se bajaron en altura por falta de recursos y espacio. A lo largo de los años estos artículos religiosos se volvieron en lo “tradicional”. Los custumbres de hacen leyes.

No obstante, muchos de los mayores afro-cubanos de antaño (nuestros egun) se ponían collares grandes y bellos y los viejos tacos vivos nos cuentan de este.

Por la perspectiva mundial (“la diaspora Yoruba”) que la buscan muchos sacerdotes de hoy, por sus estudios, se parece justo de que nos podamos recuperar nuestro derecho de la nobleza y riqueza que son simbolizados por los collares prodigiosos que se nos caen hasta el umbligo.

Beads

Our Nobility as Olorishas

The world over, Yoruba beadwork—necklaces, staffs, and crowns—are rightfully worn by orishas, kings, and priests.

Orisha priests wear necklaces not only for “protection” and identity as children of orishas. As well, we wear necklaces to announce that our heads are consecrated. Priests are representative of the orishas in the ile aye.

Necklaces are the royalty, wealth, and the irés we pray for every day.

In Yorubaland, Benin, and Brazil, necklaces always announced these traditional values in their beauty and size. African kings are covered from head to toe in beads. Priests in Yorubaland and Brazil wear thick necklaces that reach the navel to indicate powers of procreation.         

Cuba bequeathed us a tradition of smaller ilekes. This is the result of economics and discretion: the need to hide religious participation for fear of persecution. Wood carvings and all orisha regalia were made smaller for lack of resources.

With the recent turn toward African and Brazil for world perspective, beyond what we learned from our beloved elders and egun, it seems appropriate to reclaim our right to nobility and wealth—what Osha wants us to have.

Our orishas take large thick mazos. We can and should start to publicly wear thick ilekes of gorgeous beads, colors, and stones that reach the navel—especially the orishas we are born from.

Ileks